noviembre 6, 2026
NO PUEDES ESCAPAR y TE VAS a COMPRAR un COCHE ELÉCTRICO
¿Merece la pena comprar un coche diésel o gasolina en 2026? Es una pregunta que cada vez me hacéis más en el canal y que, sinceramente, creo que deberíamos plantearnos antes de gastar 20.000, 30.000 o incluso 40.000 euros en un coche nuevo.
Y no, no voy a decirte que tienes que comprarte un coche eléctrico porque yo tenga uno. De hecho, llevo prácticamente toda mi vida conduciendo coches diésel y sé perfectamente cuáles son sus ventajas.
Pero después de nueve meses y 29.000 kilómetros con mi Renault Scenic E-Tech eléctrico, tengo una visión bastante diferente de lo que supone tener un coche de combustión.
No solamente por el ahorro económico, que ahora veremos que puede ser una auténtica barbaridad, sino también por el futuro que les espera a los coches de gasolina y diésel en Europa.
Mi preocupación no es que mañana prohíban circular con un coche de combustión. Es que estamos entrando en una etapa en la que mantener y utilizar determinados vehículos puede resultar cada vez menos interesante.
De conducir coches diésel toda mi vida a comprar un eléctrico
Mi primer coche fue un Opel Corsa de 1996. Después llegaron varios Citroën Saxo, un C4 Picasso, un BMW 320 E46 y, finalmente, un Citroën C3 Aircross diésel de 2021.
Durante muchos años elegí motores diésel por una razón muy sencilla: gastaban poco combustible y me permitían recorrer muchos kilómetros sin dejarme el sueldo en la gasolinera.
En aquella época el diésel era la opción lógica para quienes hacíamos muchos kilómetros.
Sin embargo, también he sufrido problemas mecánicos importantes. Recuerdo especialmente las averías relacionadas con la carbonilla en mi BMW y los problemas del sistema AdBlue del Citroën C3 Aircross.
Cuando compré el Renault Scenic eléctrico no lo hice por ser un fanático de esta tecnología.
No soy fanático de los coches eléctricos, de los diésel ni de ninguna marca. Me gustan los coches que funcionan bien y que ofrecen ventajas reales a sus propietarios.
Y después de recorrer casi 30.000 kilómetros con el Scenic, hay algo que tengo clarísimo: económicamente, cargar en casa me está saliendo extraordinariamente barato.

¿Cuánto ahorro al mes con mi Renault Scenic eléctrico frente a un diésel?
Vamos con los números, porque aquí es donde realmente se aprecia la diferencia.
En nueve meses he recorrido aproximadamente 29.000 kilómetros con mi Renault Scenic E-Tech.
Eso significa que estoy haciendo una media de unos 3.222 kilómetros mensuales.
Para comparar, voy a utilizar como referencia mi anterior Citroën C3 Aircross diésel, cuyo consumo habitual estaba entre 6 y 6,5 litros cada 100 kilómetros.
También voy a utilizar el precio del gasóleo que pagaría en mi gasolinera habitual, una BP, que en el momento de realizar estos cálculos era de 1,97 euros por litro.
Lo que gastaría con un coche diésel
Tomando como referencia un consumo de 6 litros cada 100 kilómetros:
- Kilómetros mensuales: 3.222 km.
- Consumo medio: 6 l/100 km.
- Gasóleo necesario: aproximadamente 193 litros.
- Precio del gasóleo: 1,97 €/litro.
- Gasto mensual: aproximadamente 381 €.
Es decir, si todavía condujera mi anterior diésel y mantuviera el mismo ritmo de kilómetros, estaría gastando unos 381 euros mensuales solamente en combustible.
Y eso sin contar revisiones, aceite, filtros y posibles reparaciones.
Lo que pago realmente por cargar mi coche eléctrico
En casa tengo una tarifa eléctrica de Iberdrola que me permite cargar el vehículo en condiciones económicas muy favorables.
Además, utilizo un cargador V2C Trydan para gestionar la carga.
Según mis facturas y los cálculos que he realizado, el coste que atribuyo a la carga del coche está entre 20 y 30 euros mensuales.
Para esta comparación voy a utilizar 22 euros, que es una cifra representativa de mis gastos habituales.
Mi comparativa de gastos: eléctrico frente a diésel
| Concepto | Diésel | Eléctrico |
|---|---|---|
| Kilómetros al mes | 3.222 km | 3.222 km |
| Gasto mensual | 381 € | 22 € |
| Gasto anual estimado | 4.572 € | 264 € |
Ahorro estimado: 359 € al mes y 4.308 € al año.
Estamos hablando de más de 4.300 euros anuales de diferencia en energía, manteniendo el mismo kilometraje y los precios utilizados en el cálculo.
Eso sí, hay que tener presente que mi caso es especialmente favorable porque recorro muchos kilómetros y puedo cargar en casa con una tarifa económica. No todo el mundo conseguirá estas cifras.
Además, para calcular el coste real de propiedad habría que incluir el precio de compra, los seguros, la depreciación, los neumáticos, el mantenimiento y las posibles reparaciones.
¿Se amortiza realmente un coche eléctrico?
Esta es una de las críticas que más escucho.
Hay quien me dice que, aunque gaste muy poco en electricidad, nunca recuperaré lo que he pagado de más por comprar un coche eléctrico.
Y puede tener razón, dependiendo del modelo que comparemos.
Pero vamos a imaginar que un eléctrico cuesta 7.000 euros más que un coche de combustión equivalente.
Si consigues ahorrar 4.300 euros al año en energía, como sucede en mi caso, esa diferencia inicial podría compensarse en menos de dos años.
Por supuesto, no significa que todos los coches eléctricos se amorticen en ese plazo.
Una persona que haga 8.000 kilómetros anuales y cargue habitualmente en estaciones públicas rápidas tendrá unas cuentas completamente diferentes.
Por eso siempre recomiendo calcular el coste según los kilómetros que hacemos, dónde vamos a cargar y cuánto cuesta realmente cada coche.
¿Es más barato mantener un coche eléctrico que uno de combustión?
En términos generales, los coches eléctricos tienen menos elementos mecánicos sometidos a determinados tipos de desgaste.
No necesitan cambios periódicos de aceite de motor, filtros de combustible, correas de distribución ni sistemas de tratamiento de gases como los que encontramos en muchos motores diésel modernos.
Eso puede reducir considerablemente las operaciones de mantenimiento.
Pero tampoco debemos pensar que un eléctrico no tiene mantenimiento.
Hay que revisar los neumáticos, los frenos, los elementos de suspensión, los filtros del habitáculo, los líquidos que correspondan y otros componentes.
Además, una avería en la batería, el inversor, el cargador de a bordo o determinados módulos electrónicos puede resultar costosa.
El problema de sustituir componentes completos
Una de las cosas que más me preocupa es que algunos talleres optan por sustituir conjuntos completos cuando aparece una avería electrónica.
Imaginemos que un componente tiene un fallo localizado que podría repararse.
Si el fabricante o el taller no ofrece reparación a nivel de componente, el propietario puede encontrarse con un presupuesto de varios miles de euros para sustituir todo el conjunto.
Esto no ocurre exclusivamente en los coches eléctricos. También sucede con las cajas de cambios, los sistemas de inyección y otros componentes de los vehículos de combustión.
Creo que el futuro de la reparación de coches eléctricos pasa por desarrollar una red de especialistas capaces de diagnosticar y reparar componentes cuando sea técnica y económicamente viable, siempre respetando los requisitos de seguridad.
¿Tienen fecha de caducidad los coches diésel y gasolina?

Aquí llegamos a la parte más importante de este artículo.
Durante el vídeo utilizo una valla y un muro como símbolos de la situación que, en mi opinión, estamos viviendo los conductores europeos.
Y es que tengo la sensación de que cada vez existen más factores que nos empujan hacia la electrificación.
Los precios de los coches nuevos, las restricciones de circulación, las normativas de emisiones, las reparaciones de sistemas anticontaminación y el coste del combustible pueden influir en nuestras decisiones de compra.
Pero conviene diferenciar entre lo que establece la normativa y lo que podría ocurrir en el futuro.
¿Qué ocurrirá en 2035 con los coches de combustión en Europa?
La normativa europea aprobada establece un objetivo de reducción del 100 % de las emisiones de CO2 de escape para los turismos y furgonetas nuevos a partir de 2035, dentro de su marco regulatorio y sujeto a las revisiones o modificaciones que puedan aprobarse.
Esto afecta al mercado de vehículos nuevos.
No significa que en 2035 todos los coches diésel y gasolina que ya estén circulando tengan que desaparecer.
Un vehículo de combustión matriculado anteriormente no queda automáticamente prohibido por cumplir esa fecha.
Podrá seguir utilizándose mientras reúna los requisitos legales correspondientes, supere las inspecciones obligatorias y respete las restricciones de circulación aplicables.
Por tanto, si hoy compras un coche de gasolina, no existe una regla general que establezca que tendrás que llevarlo al desguace en 2035.
Otra cuestión es cómo evolucionarán su valor de segunda mano, los costes de utilización y las restricciones locales.
Las zonas de bajas emisiones pueden condicionar el uso del coche
Las zonas de bajas emisiones, conocidas como ZBE, son uno de los cambios más importantes para muchos conductores.
En España existe un marco legal que obliga a determinados municipios a establecer estas zonas, aunque su implantación y sus condiciones concretas dependen de cada administración local.
Esto significa que no todos los municipios aplican las mismas restricciones.
En ciudades como Madrid o Barcelona ya existen limitaciones importantes para determinados vehículos, mientras que en otros municipios la regulación puede ser distinta.
Y aquí es donde creo que debemos pensar a largo plazo.
Si compras hoy un diésel o un gasolina y tienes intención de conservarlo durante 15 años, conviene valorar dónde vives, por dónde circulas y si necesitas entrar habitualmente en grandes ciudades.
No porque necesariamente vayan a prohibirte conducirlo por todas las carreteras, sino porque determinadas restricciones urbanas podrían afectar a su utilidad.
¿Pueden las ITV dejar fuera de circulación a los coches antiguos?
Otra cuestión que preocupa a muchos propietarios es la inspección técnica de vehículos.
Los coches de combustión deben cumplir los requisitos de emisiones que les correspondan según su homologación y las normas aplicables a la inspección.
Y esto es importante: un coche antiguo no tiene que cumplir automáticamente los límites de emisiones de un coche nuevo.
Por ejemplo, un vehículo homologado bajo una normativa Euro anterior no pasa a tener que cumplir todos los requisitos de la última Euro simplemente porque hayan transcurrido los años.
Sin embargo, con el envejecimiento pueden aparecer averías que dificulten superar la ITV.
Problemas en la inyección, el catalizador, el filtro de partículas, la recirculación de gases o determinados sensores pueden provocar emisiones fuera de los límites aplicables.
Y aquí aparece un problema económico.
En algunos vehículos antiguos, el coste de reparar una avería puede acercarse al valor del propio coche.
En esas circunstancias, muchos propietarios terminan optando por sustituirlo.
Pero eso no significa que todos los coches de combustión vayan a dejar de pasar la ITV inevitablemente. Un vehículo correctamente mantenido puede continuar superándola durante muchos años.
¿Merece la pena comprar un coche antiguo para evitar restricciones?
Algunas personas se plantean comprar vehículos antiguos porque tienen mecánicas sencillas, carecen de determinados sistemas anticontaminación modernos y pueden resultar relativamente baratos de reparar.
Entiendo perfectamente ese planteamiento.
Pero antes de hacerlo hay que valorar otros factores: disponibilidad de piezas, seguridad, consumo, restricciones ambientales y estado mecánico.
También existe la posibilidad de matricular determinados vehículos como históricos cuando cumplen los requisitos legales.
Eso sí, el régimen de vehículo histórico está pensado para preservar el patrimonio automovilístico y contempla condiciones específicas de utilización, por lo que no equivale necesariamente a tener un coche moderno para uso diario sin limitaciones.
El precio del combustible también influirá en el futuro del diésel
Volvamos a los números.
Con el kilometraje que hago actualmente, un diésel que consumiera 6 litros cada 100 kilómetros me costaría unos 381 euros mensuales utilizando el precio del gasóleo de mi gasolinera habitual en el momento del cálculo.
Si el combustible subiera de precio, ese gasto aumentaría.
Y si bajara, evidentemente, disminuiría.
No podemos asegurar cómo evolucionarán los precios del petróleo y los carburantes durante los próximos diez años.
Pero sí podemos calcular cuánto nos afecta cada variación.
Para una persona que recorre más de 3.000 kilómetros mensuales, incluso una diferencia de 20 céntimos por litro puede representar varias decenas de euros adicionales al mes.
Por eso considero que el coste energético debe tener mucho peso en la elección de un coche nuevo.
¿Son mejores los combustibles de las gasolineras caras?
Durante muchos años reposté en diferentes estaciones de servicio, incluidas algunas de bajo coste.
En uno de mis anteriores vehículos sufrí problemas con los inyectores y, después de aquella experiencia, decidí empezar a repostar habitualmente en BP.
Desde entonces no he vuelto a sufrir una avería similar.
Ahora bien, sería incorrecto afirmar que aquellas averías fueron provocadas necesariamente por utilizar una gasolinera de bajo coste.
Para demostrarlo habría que analizar el combustible, las condiciones de mantenimiento y el origen real del fallo.
En España los carburantes comercializados deben cumplir unas especificaciones de calidad, independientemente de que se vendan en una estación de servicio económica o en una de una gran marca.
Puede haber diferencias en los paquetes de aditivos y en otros aspectos del producto, pero un combustible más caro no garantiza automáticamente una mayor fiabilidad del motor.
En mi caso sigo prefiriendo repostar en BP por mi experiencia personal, aunque cada conductor debe valorar sus opciones.
¿Por qué los coches nuevos son cada vez más caros?
Otro aspecto que me preocupa es la evolución del precio de los coches.
Hace años era relativamente sencillo encontrar utilitarios nuevos por cantidades que hoy parecen difíciles de imaginar.
Actualmente, incluso los modelos de acceso pueden representar una inversión importante para muchas familias.
La incorporación de nuevas tecnologías, los sistemas de seguridad, las exigencias regulatorias, los costes industriales y las estrategias comerciales de los fabricantes son algunos de los factores que influyen en el precio final.
También debemos tener en cuenta que los vehículos actuales suelen incorporar mucho más equipamiento que los de hace veinte años.
Pero, independientemente de las causas, el resultado es evidente para el comprador: cambiar de coche supone un esfuerzo económico considerable.
Y si además añadimos el coste del combustible, el seguro y las reparaciones, mantener un vehículo puede convertirse en uno de los principales gastos de una familia.
Los aranceles a los coches eléctricos chinos y la competencia europea
La llegada de fabricantes chinos al mercado europeo ha introducido nuevas opciones, especialmente en el segmento de los vehículos electrificados.
Marcas que hace unos años apenas conocíamos están ofreciendo modelos con autonomías competitivas, mucho equipamiento y precios interesantes.
Al mismo tiempo, la Unión Europea ha establecido medidas comerciales sobre determinados coches eléctricos fabricados en China, relacionadas con su investigación sobre subvenciones.
Estas medidas generan un debate importante.
Por una parte, existe el objetivo de proteger una competencia considerada justa y evitar perjuicios a la industria europea.
Por otra, los aranceles pueden repercutir en el precio de los vehículos y limitar parte de las ventajas económicas que encuentra el consumidor.
Personalmente, creo que la competencia es positiva cuando permite ofrecer mejores productos a precios más accesibles.
Y no considero que debamos juzgar un coche únicamente por ser europeo o chino.
Lo importante es su calidad, seguridad, fiabilidad, precio y servicio posventa.
¿Contaminan realmente menos los coches eléctricos?

Otra cuestión que aparece constantemente en los debates sobre movilidad es la contaminación.
Los coches eléctricos no emiten gases contaminantes por el tubo de escape durante su circulación porque no tienen uno.
Eso supone una ventaja importante para la calidad del aire urbano.
Sin embargo, no significa que su impacto ambiental sea cero.
La fabricación de las baterías, la producción de electricidad, el desgaste de neumáticos y otros procesos también generan impactos ambientales.
Para comparar correctamente un eléctrico con un vehículo de combustión hay que analizar su ciclo de vida completo.
En muchos escenarios, especialmente cuando la electricidad tiene una proporción elevada de fuentes bajas en carbono, el vehículo eléctrico puede ofrecer menores emisiones totales de gases de efecto invernadero.
Pero el resultado depende de factores como el origen de la electricidad, el tamaño de la batería, el consumo y los kilómetros recorridos.
En cualquier caso, reducir la contaminación y el ruido en nuestras ciudades me parece un objetivo positivo.
Lo que también considero importante es que la transición sea económicamente asumible para los ciudadanos.
Entonces, ¿compraría un coche diésel o gasolina en 2026?
Mi respuesta depende del uso que vaya a tener el vehículo.
Si haces pocos kilómetros, no tienes posibilidad de cargar en casa y encuentras un gasolina a buen precio, puede ser una compra perfectamente razonable.
Si recorres muchos kilómetros por carretera y necesitas realizar viajes largos constantemente, también puede haber casos en los que un diésel siga teniendo sentido.
Y si puedes cargar en casa, haces bastantes kilómetros y encuentras un eléctrico que encaja en tu presupuesto, creo que merece muchísimo la pena estudiar esa opción.
Mi experiencia personal es que el ahorro puede ser enorme.
Pero también creo que debemos mirar más allá de la próxima revisión o del siguiente depósito de combustible.
Hay que pensar en cuánto tiempo queremos conservar el coche, cómo evolucionarán nuestras necesidades y qué restricciones pueden existir en las zonas por las que circulamos.
Mi conclusión: el futuro de la combustión es cada vez más incierto
Después de muchos años conduciendo vehículos diésel y casi 30.000 kilómetros con mi Renault Scenic eléctrico, tengo claro que la electrificación ofrece ventajas importantes.
En mi caso, el ahorro económico es espectacular y la comodidad de cargar en casa ha cambiado por completo mi manera de utilizar el coche.
Pero también entiendo a quienes todavía prefieren un gasolina o un diésel.
No todo el mundo tiene garaje, un punto de carga o el presupuesto necesario para comprar un eléctrico que cubra sus necesidades.
Lo que sí creo es que comprar hoy un coche de combustión exige pensar más en el futuro que hace diez o quince años.
La evolución de las normativas, las zonas de bajas emisiones, el precio de los carburantes y la transformación de la industria pueden influir en su coste y utilidad a largo plazo.
Eso no significa que tu coche de gasolina vaya a ser ilegal mañana ni que tengas que sustituirlo obligatoriamente por uno eléctrico.
Pero sí que merece la pena hacer números y valorar todas las alternativas antes de tomar una decisión que puede acompañarte durante muchos años.
Y ahora te pregunto: ¿comprarías un coche diésel o gasolina nuevo en 2026, o crees que ha llegado el momento de pasarse al eléctrico?